domingo, 12 de enero de 2014

Casualidad, no lo creo

El mundo es un pañuelo.

Un episodio de casualidad es que en plena deriva del pensamiento, emerja el recuerdo de una persona y que ésta aparezca al doblar la esquina. Que un marido esconda un regalo que ha comprado para su amante bajo la cama, donde se oculta el amante de su esposa en calzoncillos. Que un dedo confunda el 3 con el 6 y su llamada se desvíe a la madre biológica del dueño del dedo, a la cual desconoce.  Que un artista ninguneado del folk americano sea un profeta en Sudáfrica. Que un imbécil pregunte la hora a un idiota, que el idiota conteste una hora equivocada y que el imbécil entienda, por error, la hora correcta. Que un hobbit encuentre un anillo perdido en el fondo de un río. Que dos amigos de la infancia se reencuentren después de 25 años en una reunión de exalumnos de una escuela a la que no habían ido, suplantando la identidad de dos de esos exalumnos. Que un soldado ejecute a un enemigo en el mismo instante en que su hermano gemelo muere a manos del hermano gemelo de su ajusticiado.

La casualidad está sobrevalorada. También la coincidencia. Aquí las vamos a utilizar como términos sinónimos.

martes, 12 de noviembre de 2013

Carta de Disculpa del Autor Impuntual

Querido lector:

Antepongo aquí mis disculpas, perdón si reiteradas, por mi atroz falta de puntualidad. No puedo alegar indisposición o desconocimiento de horarios. No voy a prolongar mi descrédito. Solamente puedo proponer que se me conceda una oportunidad, segunda o tercera, la que sea.

En primer lugar, me disculpo ante los lectores de la novela “Responsable y sin excusas” porque el disparate no se puede atribuir al personaje central Félix Merlo, sino a su autor que, planteadas las circunstancias de un crimen pasional para un ficticio 20 de Diciembre a las 11 a.m., no condujo a su protagonista a la escena hasta pasadas las cinco de la tarde, momento en el cual ya se había designado a un detective externo a la novela para la resolución del caso.

Y fue peor la insensatez en el relato breve “El hombre de los dos cañones” donde la acción se desarrollaba en la Siberia de mitad de siglo XX y en el cual hice aterrizar al grupo de expedición protagonista en 1998, por un equívoco que tuvo que ver con una siesta que se alargó más de lo previsto. Me lamento profundamente de este descuido.

Por otra parte, tengo otro error que enmendar que echó por la borda mi falso ensayo “La Intelectualización de la Antimateria” cuya estructura se basaba en el diálogo entre dos metafísicos que se entrevistarían durante una tarde entera en un hotel de Zúrich. Ninguno de los dos se presentó el día acordado y ni tan siquiera fui capaz de hacerlos coincidir en la ciudad en la misma fecha.  Las razones obedecen a motivos de embarazosa pereza, una vez llegó el día de la reunión todavía no había ideado los nombres de los dos intervinientes.

Y quizá el despiste que más lamento sea el que frustró mi novela romántica "Ella te ama, sí, sí, sí" cuya premisa partía del encuentro amoroso entre un joven agente de bolsa y una enfermera en el hospital, después de que el primero sufriese un golpe en la cabeza al derramarse una maceta de un balcón. Inmerso en una partida de tetris, olvidé mis labores y cuando aproximé al joven protagonista a la calle accidental, la maceta ya había sido arrojada minutos antes, agrediendo, curiosamente, a un personaje que tenía suma importancia en el segundo acto y al que mató en cuestión de horas.

Más distracciones hubo que no quisiera rememorar. Prometo desde ahora mismo derrotar a la impuntualidad y nunca volver a decepcionar a nadie dispuesto a leer cualquier escrito mío.


Con toda cortesía me despido,

El autor impuntual

martes, 3 de septiembre de 2013

Sin embargo

Allí la gente no caminaba hacia atrás, ni los ladrones perseguían policías, ni las consecuencias precedían a las causas, ni los tejados venían del viento, ni el llegar era el principio del  trayecto, ni el velorio anticipaba la muerte, ni el mar desembocaba en el río, ni las piedras tropezaban dos veces con un mismo hombre, ni el agua recién nacida era bautizada con niños fríos, ni el suelo caía sobre las hojas de los árboles en otoño, ni los óvulos marchaban en tromba en busca de un esperma, ni las ramas hacían nidos con trozos de pájaros, ni las cabezas emergían del cuero cabelludo, ni los westerns rodaban a John Ford, ni del plátano se comía la monda, ni de la penicilina se obtuvo el moho, ni del deseo emergía la estrella fugaz, allí al menos no.

Sin embargo, llegó aquel día un individuo a una calle frecuentada por los no privilegiados del reino. Sabíamos que era músico callejero por su uniforme de paria y su guitarra enfundada a la espalda. Encontró un hueco en una esquina que se ofrecía a cinco desvíos, con suerte el rincón más transitado del barrio, y allí desplegó el campamento. Hizo descansar su guitarra en el suelo y abrió la funda, pero allí no había guitarra sino monedas. Monedas de valor uno y dos. Diez y veinte. Y de cincuenta. Dejó la funda abierta frente a los viandantes, llena hasta arriba. Él, tras ella, sólo daba palmas e invitaba a los precarios espectadores a acercarse. Así el primero, el menos tímido y más pícaro, se aproximó y tomó una moneda, esperó el guiño de aprobación del músico y lo obtuvo. Y se marchó con su moneda y, como él, sucesivos pícaros y, tras éstos, un no tan pícaro, y las abuelas que paseaban nietos y los hombres rudos también se acercaron a tomar una moneda o dos. Y la gente arrogante y algunos que no aprobaban la práctica y la gente alta y la gente más melenuda tomaron su pequeño premio. También gente dócil y otros que se dedicaban al negocio de la filatelia y varios agentes de seguros y otros cuantos expresidiarios y pelirrojos. El artista ofreció reverencias y guiños a todos los que por allí tuvieron el detalle de agenciarse algún centavo, hasta que la funda se encontró vacía. Cerró la cremallera, colgó la funda de su hombro, y se marchó.

Me acerqué y le supliqué que me dejase agradecerle tan conmovedor gesto con otro gesto mío y le ofrecí varios billetes. Los aceptó con gusto y me confesó que le venía muy bien algo de cash flow.


martes, 6 de agosto de 2013

Caballeros 2000

Finalmente y cumpliendo unas expectativas realmente optimistas, nuestro cortometraje 'Caballeros' ha alcanzado las 2000 reproducciones en sus primeros 6 meses de existencia cibernética. Los Anestesia Films nos encontramos satisfechos tanto del resultado como de la acogida y estamos deseando parir un nuevo engendro al mundo para demostrar que no sólo de orinales está hecho nuestro universo.



 Nos vemos pronto en las alcantarillas de la interné. Un saludo.

domingo, 4 de agosto de 2013

Ajedrez por correspondencia

Estimado Hildeberto:

Recibí su última carta con tres días de atraso debido al disparatado error del nuevo muchacho del correo que, nuevo en su oficio y en el uso del cerebro, desconocía que su itinerario no terminaba al principio de la colina, sino que seguía hasta el otro lado de ella, donde resido con mi amada esposa Oristela. 

Además de este absurdo, me he tomado al menos cinco días para meditar sobre mi siguiente movimiento. Le puedo garantizar que no he sido ni mucho menos perezoso, sino que he llegado a invertir 14 horas, este mismo domingo, en reflexionar sobre las posibilidades de la partida. Alcancé así la ineludible conclusión de que usted puede lograr el jaque mate en 6 movimientos. No se crea que no me quité un peso de encima cuando asumí lo inevitable de la derrota. Fue tanto un alivio para mi estresado espíritu como para el de mi esposa que había empezado a perder los estribos con mis flemáticas inmersiones en el universo de la partida.

domingo, 28 de julio de 2013

No le des a tu hijo una cámara

Al final del texto les voy a mostrar uno de mis primeros cortos: "Mañana", filmado con catorce años y protagonizado por mí (con apariencia de tener 11, como de costumbre) y una amiga muy especial que únicamente aparece al final.

"Mañana", que nunca tendré claro si se traduciría como 'morning' o como 'tomorrow' y que nunca sabré si es un juego intencionado, es una pieza surrealista, casi de corte experimental. Quién sabe qué fue lo que la motivó. Quizá había ya alguna influencia de algo que hubiese visto de Lynch y que me indujese a pensar (erróneamente) que el surrealismo carece de reglas y que todo vale en él.